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Autoclave a gas
Fabricante: Pedro Homet, Barcelona
Acero, hierro, latón y madera
Principios del s. XX
Número de registro: MG 564
De la fotografía: Autoclave a gas
Fotógrafo desconocido
© Museo del Gas de la Fundación Gas Natural Fenosa, 2017

Desde la última década del s. XIX, el confort y la comodidad que el gas manufacturado aportaba no se limitó solo a los hogares y a la industria, sino que fueron muchos los sectores de negocio que se beneficiaron de las novedades que ofrecía esta fuente energética. Como ejemplo de los avances en el sector médico, se presenta un autoclave a gas de la colección del Museo del Gas de la Fundación Gas Natural Fenosa, un ingenio que servía para esterilizar material sanitario mediante el vapor de agua. Esta pieza es la más pequeña de su tipología y, dadas sus dimensiones, se cree que se utilizó para esterilizar material quirúrgico, posiblemente agujas u otros productos sanitarios pequeños. El fabricante de este autoclave a gas, la empresa de origen barcelonés Pedro Homet, reforzaría esta hipótesis, dado que su catálogo disponía de otros productos médicos, como son los apósitos antisépticos y el material quirúrgico.

Con el fin de esterilizar los objetos, había que depositarlos en una cápsula metálica del autoclave que, una vez llena, se cerraba y se sumergía en un depósito lleno de agua. Esta cápsula tenía una pestaña que permitía dos posiciones: una donde podemos observar varias perforaciones que permitían la entrada del vapor y, otra, donde las perforaciones estaban cubiertas para mantener el estado de esterilización una vez el proceso había finalizado y se había extraído la cápsula. La ruedecilla de la parte superior del autoclave permitía cerrar herméticamente el ingenio, creando el vacío. El gas servía para alimentar la llama que calentaba el agua y la convertía en vapor. Como en el interior de la cápsula se creaba el vacío, el vapor alcanzaba una temperatura elevada y generaba una presión que se controlaba mediante un manómetro. Una vez finalizado el proceso, se abría el grifo para que entrara el aire, lo que rompía el vacío y permitía abrir de nuevo el aparato que ya ofrecía el material esterilizado.